Whoa! LaChapelle
Marzo 13th, 2009 Posted 8:35 pm
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Febrero 18th, 2009 Posted 10:22 pm
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Febrero 12th, 2009 Posted 4:52 am
by Zíur Pólarc.
Este trabajo dará respuesta a la pregunta ¿Qué es el género?, para lo cuál resultará apropiado problematizarla a través de interrogantes tales como ¿Qué lo mantiene vigente? ¿Cómo se transforma? ¿Cuales son las estructuras de poder en las que se sostiene? ¿Cuál es su papel al interior de la sociedad en la que vivimos? ¿Cómo la delimita y le da forma?
Empezaremos por afirmar que el género no es algo biológico, es en contraste, una práctica social, y como tal, un proceso histórico: Es un producto de la historia y a la vez un productor de la historia. Se forma y se transforma con el paso del tiempo. El género visto como un proceso está constituido por la adjudicación de un conjunto de saberes a las diferencias corporales entre hombres y mujeres.
Cuando los sujetos son etiquetados en el momento de su nacimiento, ya sea como hombres o mujeres, quedan atrapados ipso facto dentro de una categoría social, la masculina o la femenina respectivamente. Ambas categorías se constituyen como configuraciones de las prácticas de género. La inmersión en una de las categorías, es decir, la imposición de una identidad de género, no queda, al menos en primera instancia, abierta a su elección, por el contrario, los individuos se ven forzadas a aceptarla y entrar dentro del esquema normativo del sistema sexo/género en el que su cultura se encuentra inmersa: Las normas no fueron invento u obra suya, son siempre definiciones preexistentes, que ellos una vez en escena como diría Pierre Bordieu, las asimilarán en una primera instancia, para después constituirse ya sea como sus defensores, es decir, sumarse a la ortodoxia, o por el contrario como su deconstructores, y aumentar así las filas de los herejes, de los transgresores del mainstream, de aquellos cuya existencia pondrá siempre en duda la validez y justificación de ese sistema sexo-genérico
De esta manera el género se constituye como un elemento principal de la estructura social al encargarse de dictar normas culturalmente apropiadas para el comportamiento de hombres y mujeres. Y es que la simbolización cultural a la que me refería anteriormente toma forma con un conjunto de prácticas, discursos y representaciones sociales que definen la conducta de las personas en función de su sexo. Esta última tarea está mediada por la compleja interacción y configuración de un amplio espectro de instituciones económicas, sociales, políticas y religiosas tales como la familia, la iglesia, el Estado o el Ejército.
El género para su funcionamiento requiere consecuentemente, el ingreso a un orden simbólico que prescribe que los sexos/generos son polares, discretos y, heterosexuales, por estar éste organizado a partir de un escenario biológico y reproductivo. Aquí, resulta ya conveniente señalar, que las categorías sociales creadas por el género, además de posicionar obviamente a hombres y mujeres en lugares diferentes, no lo hace en un plan de igualdad, las jerarquiza y establece relaciones de poder entre ellas: La categoría masculina subordina a la categoría femenina al tiempo que exige y sostiene una posición dominante y de liderazgo en la vida social. La masculinidad queda simbólicamente asociada así a la actividad, a la autoridad y el ejercicio del poder. Los sistemas de género quedan constituidos de esta manera como sistemas binarios que oponen el hombre a la mujer.
Dentro del sistema hegemónico sexo/género, el reconocimiento definitivo de la masculinidad descansa específicamente en el ejercicio del poder sobre las mujeres y en este caso, sobre sus equivalentes, es decir, hombres ubicados debajo de ellos en la jerarquía, un punto en el que profundizaremos más adelante. Sin embargo podemos evidenciar al mismo tiempo, como el poder desarrolla simultáneamente resistencias: Se resiste al poder que se recibe o del que se es victima. En la posibilidad de resistir se encuentra la condición de libertad, “libertad de planear un ardid, de revertir la situación o libertad de no desplomarse y esperar el momento de fuga de un poder mantenido sistemáticamente” (Aguilar, 1998). Aquí considero importante profundizar en la idea del uso de la violencia como característica de los ostentadores del poder: Una estructura de desigualdad de esta escala resulta difícil imaginarla sin el uso recurrente a ella. Resulta conveniente distinguir entre el uso de dos tipos de violencia, la física y la simbólica.
• Los depositarios del poder tienen la capacidad de ejercer en primera instancia violencia simbólica sobre los que no lo tienen. Dentro del sistema hegemónico sexo/género, “podemos señalar la existencia de un rico vocabulario denigrante: enclenque, pavo, mariquita, cobarde, amanerado, ano acaramelado, bollito de crema, hijito de la mamá, oreja perforada, ganso, floripondio,”(Connell), cacha granizo, puto, lilo, etc.,
• Los depositarios del poder hacen uso por excelencia de la violencia física. Dentro del sistema sexo/género que estamos analizando, el género masculino sostiene y usa abrumadoramente los medios de violencia física. Su uso pareciera estar completamente justificado, es decir, estar autorizado ideológicamente. Este tipo de violencia juega un papel importante entre las transacciones y relaciones de poder entre los mismos hombres. El uso de violencia física les permite eficazmente establecer fronteras y hacer exclusiones. Como ejemplo podemos citar la violencia ejercida por hombres heterosexuales contra hombres homosexuales. La violencia se constituye así como una manera de exigir y afirmar la propia masculinidad. Dentro de la violencia física encontramos también la de tipo sexual ejercida contra las mujeres y hombres homosexuales. El frecuente uso de violencia física muestra en gran medida la imperfección de este orden: Una jerarquía completamente legítima tendría menos necesidad de intimidar.
Como podemos ver, la subordinación no es sólo de las mujeres hacía los hombres, sino que también podemos encontrar subordinación entre los propios hombres. El ejemplo más recurrente aquí es él de la ya mencionada dominación de los hombres heterosexuales y la subordinación de los hombres homosexuales. El hecho de que los homosexuales se encuentren posicionados en la parte más baja de una jerarquía de género masculina entre los hombres se debe a que son la bodega de todo lo que es simbólicamente expelido de la masculinidad hegemónica, la homosexualidad se asimila sin problemas a la feminidad. Así podemos entender el porqué palabras como puto y maricón resultan los insulto de mayor uso y con más poder denigratorio, al menos en nuestra sociedad. Además de los homosexuales, algunos hombres y muchachos heterosexuales son igualmente expulsados de los niveles jerárquicos superiores. No muchos hombres se encuentran posibilitados naturalmente para cumplir los modelos normativos que les son exigidos. El número de hombres que practica a la perfección los patrones hegemónicos pareciera ser bastante reducido. Esto nos permite crear dos categorías de análisis en las que los hombres pueden ser ubicados: “masculinidad hegemónica”, y “masculinidad marginada”. Es importante resaltar el hecho de que los portadores más visibles de masculinidad hegemónica no son siempre los más poderosos ya sea a nivel político o económico.
Las ideas de Judith Butler fortalecen estos postulados al afirmar que la identidad de género, en este caso la masculina, adquiere estabilidad a través de la actuación y del repudio. El repudio en especial, mantiene las fronteras que definen lo que no se debe ser, es decir, lo abyecto. El repudio permite a los hombres contrastarse contra algo y así definir sus contornos. Lo abyecto se constituye consecuentemente como el propio repudio fundante, algo inherente a la constitución de la propia identidad. Algo que resulta útil mencionar para nuestro propósito es que la identificación con el modelo hegemónico de sexo/género nunca es una operación concluida por completo, sino por el contrario, resulta ser una operación que debe ser reafirmada constantemente. Lo abyecto se coloca así como un agente activo que al mismo tiempo que amenaza con la pérdida de la identidad sexual, obliga al sujeto a reconfirmar su género. (Fuller, 1997). Específicamente para el caso de nuestra cultura, la feminización y la homosexualidad pasiva son las formas más evidentes de lo abyecto. Estos postulados son igualmente reforzados por el teórico Jeffrey Weeks al sentenciar que la masculinidad se logra mediante un proceso incesante de protección frente a las amenazas que la acechan, es decir, se logra mediante el rechazo perpetuo de la feminidad y de la homosexualidad. Tanto la violencia masculina contra las mujeres, como el tabú que representa la homosexualidad en la sociedad pueden ser entendidos como efectos de este frágil sentido de identidad.
De ahí que en nuestra cultura se le asigne a la sexualidad de los hombres y mujeres una vital importancia. La sexualidad de ambas categorías resulta análogamente opuesta y se contraponen una a la otra. En el primer caso su ejercicio puede ser ilimitado siguiendo ciertas reglas que señalaré más adelante, mientras que en el segundo es en esencia controlada y reprimida. Si damos por válido este postulado, podemos afirmar que un hombre impotente va a ver amenazada severamente su identidad masculina. Y es que la sexualidad y el rendimiento sexual se cuentan entre los ingredientes más vitales de la identidad masculina. La identidad masculina dentro del sistema sexo/género hegemónico, enfatiza la búsqueda sexual activa y agresiva. La conquista sexual de la mujer, su posesión y un ejercicio sexual desenfrenado, representa avance en la relación jerárquica entre los hombres. Aquí justamente resulta conveniente señalar que la heterosexualidad se define más por la posición que el sujeto ocupa en una relación sexual que por el sexo biológico de la pareja: El concepto de heterosexualidad como se entiende dentro de este sistema no se ve amenazado en lo más mínimo siempre y cuando el papel que se juegue sexualmente sea el rol activo, es decir, ser el que penetre: La mayoría de las veces no importa el sexo del ser pasivo, es decir del sujeto que es penetrado, da igual si se trata de una mujer o un hombre. Finalmente agregaremos a nuestro análisis que dentro del sistema hegemónico sexo/género que describimos, el control y pureza de la sexualidad de la propia madre, la hermana, la esposa y las hijas de un hombre resultan pieza clave para su honor y engrandecimiento, se constituyen como sus extensiones.
Fuentes de Información
• Aguilar R.M. (1998) Violencia y micropoders. El mundo de la Violencia. Adolfo Sánchez Vázquez Editor. UNAM, FCE. P. 215-221.
• Connell. R.W. La organización social de la masculinidad. Masculinidad/es. Poder y Crisis. Teresa Valdés y José Olavaria (Eds.) Ediciones de las mujeres No. 24. ISIS Internacional. FLACSO Chile p.31-48.
• Villoro L. (1998) Poder, contrapoder y violencia. El mundo de la violencia. Adolfo Sánchez Vázquez Editor. UNAM, FCE. P. 165-175.
• Conway. J.K., Bourque. S.C.., Scott. J.W. El concepto de Género. (1996). En: El género: La construcción cultural de la diferencia sexual. Martha Lamas (compiladora). P. 21-33.
• Weeks, Jeffrey (1993) Movimientos de afirmación: la política de la identidad. En: El malestar de la sexualidad, significados, mitos y sexualidades modernas, TALASA, Madrid. Pp. 293-334.
• Soley-Beltran Patricia (2003) ¿Citaciones perversas? De la distinción sexo-género y sus apropiaciones. En Diana Madia. Sexualidades, migrantes, género y transgénero. Seminaria editora. Buenos Aires, Argentina.
• Fuller Norma. (1997) Identidades masculinas. Pontificia Universidad Católica de Perú, Lima,Perú. P.17-47
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Febrero 12th, 2009 Posted 3:56 am
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Febrero 12th, 2009 Posted 3:38 am
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Febrero 1st, 2009 Posted 2:35 am
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Enero 31st, 2009 Posted 1:03 am
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Enero 30th, 2009 Posted 6:43 pm
Gracias chicos, mil gracias. Nos la pasamos en grande, Toluca fue una gran experiencia. Bailamos, cogimos, … ¡Volamos! y no sólo con marihuana. Queremos avisarles que regresaremos más pronto de lo que teníamos pensado. Estén muy pendientes, lo más torcido está aún por llegar. No os desesperéis, vuestra espera valdrá la pena, una majestuosa casa de dulces está ya en construcción, nos quedará deliciosa; la bruja del cuento de Hansel y Gretel lamentará habernos dado todas esas recetas, nos envidiará. Mientras tanto, suscríbanse a nuestra comunidad, no se nos pierdan de vista, quédense cerca y lean nuestro blog, “De maricones, para maricones”. Los mantendremos bien informados, sabemos bien qué es lo que quieren y cómo lo quieren. Tendremos de todo, música, porno, más porno y muchísimas otras vanalidades. ¡Que comience la fiesTa!
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